El nadaísmo, a grandes rasgos, es la contradicción de lo ya establecido. Es la Nada por excelencia. Nace en los sesentas como una propuesta literaria en contra del contexto cultural existente y en contra de las tradiciones colombianas. Este movimiento fue liderado por Gonzalo Arango, que luego reclutó a varios jóvenes que lo impulsaron, aunque, debido a la prematura muerte de Arango y de algunos de sus colaboradores, este movimiento quedó estancado a inicios de los setentas. Autores como Mario Rivero, José Manuel Arango, Eduardo Gómez, Germán Espinosa, entre otros, marcharon ordenadamente con los nadaístas pero estética y literariamente mantuvieron su independencia e aislamiento, en sus vidas como en sus obras.
Con el nadaísmo también se conciliaron fuertes vínculos con la conocida Generación Beat, movimiento contracultural netamente intelectual originado en Norteamérica y que posteriormente llegó a Colombia buscando puentes entre la sensatez y la justicia. El nadaísmo, aunque fue un movimiento más social que literario y con más trascendencia social que política, intervino drásticamente en la investigación de un nuevo rumbo de la poesía, con propuestas que en un principio eran firmemente rechazadas por las autoridades literarias.
El nadaísmo alcanzó el más alto nivel de provocación y revulsión de todos los movimientos literarios del siglo XX en Colombia. Creció siguiéndole los pasos a los ultraístas argentinos y a los estridentitas en México.
No obstante, el nadaísmo es, a su vez, ruptura. Una ruptura literaria que se personifica en un nuevo periodo y forma estética y en una ruptura de carácter social, entrando en el cuestionamiento y provocación de la sociedad con intensiones de conformismo. Gonzalo Arango
Se debe su forma e identidad al entonces joven escritor paisa Gonzalo Arango, con ínfulas de rebelión, cambio y total contradicción al usual comportamiento de los de su pueblo natal, Andes Antioquia. El derecho no era lo suyo. Lo creían loco, pues vivía encerrado en una finca junto con su perro y una calavera. Aún así, su notable capacidad de producción literaria no pudo dar espera y estalló esa bomba que llevaba por dentro llena de ideas y letras. Su obra maestra no es ningún texto, tratado, crónica, poema… lo fue el nadaísmo indeterminadamente.
Jaime Jaramillo Escobar
Quizás sea más conocido como X-504, el pseudónimo que lo hizo popular. Gran amigo de Gonzalo Arango desde pequeños y fue uno de los cofundadores del nadaísmo ayudándolo a redactar su Manifiesto Nadaísta. Ha publicado múltiples libros con reconocimientos que son la muestra irrefutable lo que es la esencia del nadaísmo; sus poemas, con tono de ironía y humor, han hecho parte de varias antologías admiradas internacionalmente.
Jotamario Arbeláez
Actualmente, uno de los pocos -y quizá de los más reconocidos- nadaístas que quedan está Jota Mario Arbeláez. Nacido en Cali y también cofundador del movimiento, ha demostrado la ironía en todas sus obras desde sus inicios, con fuertes síntomas de surrealismo. En su faceta de publicista, ha hecho el diseño de las campañas de Belisario Betancur, Álvaro Gómez y Andrés Pastrana. Su gran oficio todavía es ser el gran oficiante del nadaísmo nacional y presidente ejecutivo de la Fundación Gonzaloarango.
Mario Rivero
Su obra lo consagra como uno de los más importantes poetas de las últimas generaciones en Colombia. Nación en Envigado en 1935 y falleció en Bogotá en el 2009. Llegó a imponer la entonces naciente corriente de la poesía urbana en la capital, consiguiendo muchos adeptos. A principios de los años setentas, funda y dirige la revista Golpe de Dados y, de esta manera, da el nombre a la siguiente generación de poetas colombianos.
Dejó de escribir hasta el último día de su muerte, siendo crítico permanente de las artes plásticas en diversas revistas y periódicos.
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